domingo, 27 de septiembre de 2015

La Leyenda del Capitán Logan

Todo el mundo le miraba de reojo, nadie se atrevía a mirarle fijamente a los ojos, esos ojos profundos y sin luz, tras de ellos no había empatia, no había sentimientos, no había amor, no había nada.
Su paso silencioso hacia callar a todo aquel que pasaba cerca, bajaban la cabeza, y se apartaban, quizás era por su gran barba negra, por su flamante abrigo azul cobalto, que le llegaba hasta las rodillas, con ribetes dorados y detalles en color negro, por sus botas grandes que a tanto enemigos había aplastado, o simplemente por la leyenda que siempre acompañaba a su nombre.

Siempre tomaba puerto con el ultimo ápice de luz, y siempre partía justo antes del amanecer, nunca se quedaba mas de un día en la misma ciudad, nunca hablaba con nadie, se limitaba a ir a la taberna mas cercana y ahogar sus penas en cualquier vaso que contuviera alcohol. Se solía sentar solo, no necesitaba a nadie mas, el resto de la tripulación se sentaba en otra mesa, mas alejada, para comenzar a cantar y bailar durante toda la noche, siempre sabiendo que antes del amanecer debían estar otra vez en sus puestos, pues el capitán Logan nunca esperaba a nadie, ni si quiera a la muerte.

Al día siguiente, "El sol de la mañana", navegaba tranquilamente por mares hasta ahora inexplorados, a eso del medio día, el capitán, que se hallaba tranquilamente en su camarote, fumando con su gran pipa de marfil de Narval, oyó un aviso que venia de proa, y que fue respondido con nerviosismo por el segundo de abordo. Adjatay, que así se llamaba, corrió como alma que lleva el diablo a avisar al capitán Logan, cuando llego a la puerta se paro, se relajo, para que el capitán no se pusiera nervioso, aunque nunca lo hacia. cuando se dispuso a llamar a la puerta el Capitán grito:
-No te molestes, ya se que estas ahí, entra y siéntate.

Adjatay no se atrevió a decir nada, y se limito a obedecer. Cuando entro le pareció estar en un mundo aparte, la habitación estaba llena de humo, y los rayos de luz intentaban hacerse paso entre tanta bruma.
Adjatay se sentó, no dijo nada, esperaba que el Capitán empezara a hablar, siempre era así, si el Capitán no empezaba, significaba que no le importaba.

-¿Eres de origen africano verdad Adjatay?- Pregunto el capitán mientras le daba la espalda sentado en su gran silla de cuero rojo.
-Si, mi Capitán. - Respondió el.
-¿Sabes, al menos, cual es su significado? - Prosiguió el capitán, mientras Adjatay cada vez se encontraba mas nervioso e incomodo.
- Yo te lo diré pues. Tu nombre, significa ni mas ni menos que Príncipe, un significado bastante importante, ya que se trata de un titulo nobiliario, y como príncipe, es hora de que te empieces a comportar como tal. - El Capitán Logan se giro hacia el con su gran pipa aun candente manando humo por la boca. - Ahora, cuéntame porque mi tripulación esta nerviosa, príncipe.
-No sabemos que pasa. Capitán, ya no sopla el viento, el mar esta calmado, no se ven animales, no se oyen pájaros, tan solo se ve una roca, Capitán, una roca de extraña forma... El príncipe trago saliva, y se preparo para recibir ordenes, el Capitán Logan nunca tardaba en darlas, después de una vida entregada únicamente a la mar un hombre sabe que hacer en cada momento.

Pero algo fallo en aquel momento, el Capitán se levanto, nervioso como nunca antes nadie lo había visto, se levanto corriendo hacia una estantería llena de cartas de navegación, libros viejos, y algunos pergaminos aparentemente viejos. No decía nada, solo daba vueltas, como buscando algo en concreto, algo que hacia muchos años que no usaba, y Adjatay no sabia el que, y permaneció sentado, anonadado de ver a su Capitán en ese estado. De repente, el Capitán Logan saco una caja de madera, pequeña, no mas de veinte centímetros de larga, la caja era vieja y estaba muy mal cuidada, pero por donde estaba guardada, parecía importante.

El Capitán, que sostenía la caja en sus manos, miro fijamente al Príncipe, aquellos ojos sin vida sufrieron un cambio repentino, de repente se llenaron de luz, y de algo que el noven africano no pudo reconocer. El capitan se le acerco, paso su mano por detrás el cuello de Adjatay, y poniendo su cara a simplemente cuatro dedos de la suya dijo:
-Escúchame atentamente joven, ahora vas a ver un lienzo muy muy antiguo, y me vas a decir si esa es la roca que esta fuera, no quiero que dudes, si estas seguro que es la misma dilo, si estas seguro de que no es la misma dilo, pero si no lo sabes no me digas nada, es de vital importancia saber donde estamos ahora mismo en este preciso momento... 

El joven príncipe, con los ojos como timones de navío, volvió a tragar saliva, no pestañeo, se veía el miedo en su rostro, y se limito a asentir ante las palabras del Capitán. La caja se abrió, y el Capitán Logan saco un Pergamino con un dibujo, se lo mostró a su segundo de abordo, que lo observo durante unos segundos.
-Y bien, joven. - Dijo el Capitán.
-Es... Es... - Balbuceo el joven príncipe. - Es la misma Capitán...
- ¿Estas seguro? no puedes dudar...
- Si mi Capitan, estoy seguro.

El Capitán Logan se apresuro a volverlo a recoger, Adjatay se percato de que al dorso de la imagen había un inscripción con una firma al final, no le dio tiempo a ver nada mas. El Capitán Abrió un armario que solo abría para observar mientras se hundía en sus pensamientos, pero esta vez era distinto, Acerco su ajadas manos y saco un sable antiguo, con detalles de plata y rubíes, parecía un regalo, un regalo que jamas uso, y que tenia intenciones de usar en breves...

La estrella con nombre propio

La noche es mas oscura justo antes del amanecer, va caminando, despacio, entre las sombras que le vigilan y acechan, sombras del pasado, y sombras del futuro, una banda de música toca al fondo del parque, debajo de la única farola de todo el paseo que da luz, El, ausente, caminaba hacia ellos, inconscientemente, a su paso por donde se hallaban los músicos, muy misteriosos, la música paro, se le acerco uno de ellos, con un rostro frió y triste, de tez blanca, le puso la mano en el hombro, se acerco a su oído y dijo:
"La cruz que llevas a tus espaldas puede ser descargadas con dos simples palabras... Díselo...".

 El hombre, exaltado, se giro hacia la banda, y para su sorpresa, ya no había banda alguna, aquellos cuatro hombres habían desaparecido, como si nunca hubieran estado ahí, ¿fue real o solo una mera imaginación de su corazón deseando deshacerse de tal carga?.

El hombre, exhausto, se sentó en un banco, un banco ya viejo y descuidado, contemplando una figura que en el mismo parque yacía, rodeado de arbustos y arboles, volvió a mirar aquella figura del niño, y desde el corazón dijo:
-"Yo también quiero alcanzar mi estrella...".

Entonces nuestro amigo saco su rotulador, recientemente adquirido, lo destapo con miedo, se quedo pensativo, dudo, tuvo miedo... Respirando hondo, se armo de valor, y escribió su nombre...